Despertar
es la mejor parte del día, con una sonrisa
en la cara, con ganas de ser mejor y hacer mejor las cosas, un buen baño,
dientes limpios, perfumada, zapatos de taco alto, una taza de café y lista para
comenzar otro día de trabajo.
Me
dirijo a la parada de bus respetando la fila mientras una señora amargada se
meten en la fila en ese momento me
invade un sentimiento de ira y pierdo la esperanza en la humanidad mientras
grito sin miedo “no se cole”, ella regresa
su mirada a mí y me ignora como si lo que dijera no fuera con ella, llega el
bus la gente empuja con la idea de que si empuja asegurara un asiento en el autobús,
me subo con la mirada busco un asiento una vez fijado el objetivo me siento
saco mis audífonos y la música suena, mientras el señor de alado leer un libro de
esos que enseña a ser mejor persona y a triunfar en la vida, la verdad no son
de mi interés, una niña se sube a vender caramelos, pero la gente esta tan
concentrada en llegar a tiempo aquí en Ecuador la gente siempre está de apuro,
la niña apenas y vende unos caramelos de menta a un señor, sube el del “Extra” y misteriosamente
la gente que está ocupada en su mundo despierta por un momento el señor del libro junto a mí pide un ejemplar
la verdad no me extraña, mientras el tránsito de la mañana que ocurre a diario
en las calles de Quito, acaba con la paciencia de muchos incluyéndome la
sonrisa con la que me desperté ya se esfumo, y con ella mis ganas de trabajar, mientras
pienso en las ironías de la vida una señora con
un niño en brazos sube y de inmediato
medio bus ya está dormido, la otra mitad solo se mira con recelo y los que están
de pie buscan con sus miradas juzgadoras quien será el que ceda el asiento a la
señora, yo miro al señor junto a mí y pienso que tal vez su libro contenga algo
que le enseñe o le explique cómo ser un caballero, el me mira y baja su mirada
hacia su libro, mientras una mujer audaz grita “ya no existen los caballeros” y
por arte de magia a la señora con niño en brazos tiene tres asientos
disponibles.
el reloj va corriendo y mi bus cada vez más lento miro
detenidamente a los pasajeros y entre la multitud encuentro a una señora
peleando por un puesto vacío con una estudiante y la verdad me entretiene ver cómo
la gente cuando ve un puesto disponible saca lo peor de si y ataca como si su
vida dependiera de aquel puesto, al final la señora gana y la diversión acaba,
cada vez el bus más lleno y por fin llego a mi destino me levanto y lo único que
alcanzo a ver es una conglomeración de gente furiosa, de muy mal humor y lo único
que puedo hacer es abrirme paso entre la multitud enfurecida y entre pisotones
y malas caras logro llegar a la puerta las puertas se abren y ahí está esa sensación
de libertad y de alivio como si se sacara un peso de encima.

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