viernes, 20 de septiembre de 2013

Me quiero bajar



Despertar es la mejor parte del día,  con una sonrisa en la cara, con ganas de ser mejor y hacer mejor las cosas, un buen baño, dientes limpios, perfumada, zapatos de taco alto, una taza de café y lista para comenzar otro día de trabajo.

Me dirijo a la parada de bus respetando la fila mientras una señora amargada se meten en  la fila en ese momento me invade un sentimiento de ira y pierdo la esperanza en la humanidad mientras grito sin miedo “no se cole”, ella regresa su mirada a mí y me ignora como si lo que dijera no fuera con ella, llega el bus la gente empuja con la idea de que si empuja asegurara un asiento en el autobús, me subo con la mirada busco un asiento una vez fijado el objetivo me siento saco mis audífonos y la música suena, mientras el señor de alado leer un libro de esos que enseña a ser mejor persona y a triunfar en la vida, la verdad no son de mi interés, una niña se sube a vender caramelos, pero la gente esta tan concentrada en llegar a tiempo aquí en Ecuador la gente siempre está de apuro, la niña apenas y vende unos caramelos de menta a  un señor, sube el del “Extra” y misteriosamente la gente que está ocupada en su mundo despierta por un momento  el señor del libro junto a mí pide un ejemplar la verdad no me extraña, mientras el tránsito de la mañana que ocurre a diario en las calles de Quito, acaba con la paciencia de muchos incluyéndome la sonrisa con la que me desperté ya se esfumo, y con ella mis ganas de trabajar, mientras pienso en las ironías de la vida una señora con 

un niño en brazos sube y de inmediato medio bus ya está dormido, la otra mitad solo se mira con recelo y los que están de pie buscan con sus miradas juzgadoras quien será el que ceda el asiento a la señora, yo miro al señor junto a mí y pienso que tal vez su libro contenga algo que le enseñe o le explique cómo ser un caballero, el me mira y baja su mirada hacia su libro, mientras una mujer audaz grita “ya no existen los caballeros” y por arte de magia a la señora con niño en brazos tiene tres asientos disponibles.


el reloj va corriendo y mi bus cada vez más lento miro detenidamente a los pasajeros y entre la multitud encuentro a una señora peleando por un puesto vacío con una estudiante y la verdad me entretiene ver cómo la gente cuando ve un puesto disponible saca lo peor de si y ataca como si su vida dependiera de aquel puesto, al final la señora gana y la diversión acaba, 


cada vez el bus más lleno y por fin llego a mi destino me levanto y lo único que alcanzo a ver es una conglomeración de gente furiosa, de muy mal humor y lo único que puedo hacer es abrirme paso entre la multitud enfurecida y entre pisotones y malas caras logro llegar a la puerta las puertas se abren y ahí está esa sensación de libertad y de alivio como si se sacara un peso de encima.

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